lunes, 5 de diciembre de 2011

Amor terminal

Cuantos pasajes hay en la vida que nos llevan a probar dulces momento o amargos trances, nuestra familia está pasando uno de estos amargos episodios que hubieramos preferido no tener jamás; por una amiga mia muy estimada desde hace muchos años, encontré un libro de una mujer pionera de la hoy conocida Tanatología llamada Elizabeth Kubler-Ross, cuyo mensaje en su libro "Sobre la muerte y los moribundos" es el amor al paciente terminal, el cuidado de éste y de su familia y la manera de encaminarnos ante una realidad inminente que cualquiera puede vivir.

Desde que estamos padeciendo esta larga agonía familiar, muchas veces me pregunté ¿porqué nosotros?, pertenezco a una familia unida y amorosa, sí, con complicaciones como todas, una espesa y enorme bola de nieve se empezaba a detener un poco cuando nos llegó la noticia de una etapa terminal con la "certificación" médica del "no queda mas que esperar" en un desahucio que no supimos cuando empezó; empecé a leer a Kubler por consejo de una buena amiga que padece un luto reciente, de alguna manera me había evitado el trago de leer sobre tanatología pensando esperanzadoramente que mi padre mejoraría, pero con el paso de los dias y las interminables horas, caí en la cuenta que no podía sola.

Sin saber hacia donde recargarme, me tuve que hacer fuerte ante el desmoronamiento familiar, sin querer o a drede todos llegaron a mi llorando y buscando respuestas, mi reacción siempre fue la misma para todos: "Resignación y fe", mientras una cara sin expresión mostraba una falsa indiferencia; la verdad es que los que vivimos a su lado padecimos un desahucio mucho antes del diagnostico, mi padre enfermo simplemente se dejó vencer hace mucho y sin embargo lucha, ¿cómo es esto?, no es simple, no quiere morir pero sí quiere que todos estemos por el.

La crueldad de mi parte puede llegar al extremos de sufrir un cansancio emocional, físico y mental, la psicologia usada muestra un deterioro familiar enorme, sin contar que de vez en vez se le ve a el totalmente ajeno a la realidad, pero no por enfermedad sino por elección, mirando al vacío y sin saber qué piensa,qué siente, qué quiere... y yo sin saber porqué me mantengo lejos pero alerta, es como si viviera dentro de una pelicula y no pudiera ni siquiera llorar ¿para qué?... es ahí en donde me pregunto: ¿hasta dónde somos crueles los que estamos sanos cuidando del enfermo terminal?. ¿hasta donde olvidamos que su condición no es una elección y que ya es el final?, ¿cuándo dejamos de estar cansados para escuchar, ver o atender? y ¿hasta dónde llega la emoción del paciente que se deja caer a los brazos de sus familias rindiéndose pero a la vez luchando?, deprimiendose y queriendo toda la atención, necesitando quizá ser escuchados pero mirar al vacío sin hablar, quizá porque no encuentras palabras, quizá porque solo necesitan mimos pero tampoco los piden... ¿porqué simplemente vive su cuerpo pero su alma ya no está?, ?quién es culpable en estos casos?, ¿el enfermo o la familia?, el enfermo que no habla o la familia que se cansa cuando han pasado demasiados años cuidando de alguien que ya no se deja cuidar...

Es aquí cuando interviene el amor terminal, la mayúscula o minúscula perfecta para el cuidado a estos enfermos y el esmero de estos enfermos por cargar un poco su cruz y ayudar a la familia, cuando la familia opta roles de tiempo y espacio de estos cuidados evitando que se vuelva cansado para uno solo, es aquí cuando el que no puede aportar tiempo continuo dedica tiempo libre aunque sea de un momento y dedica dinero para mejorar la calidad de vida, es aquí cuando el amor que el paciente tiene a la familia le permite dar un respiro a sus cuidadores y no quitarles la vida con demasiado sacrificio.  

Esto es lo que yo pienso, ¿tu qué crees?... por cierto, aun no termino de leer a Kubler...pero se que quizá con un poco mas de lectura, pueda entender todas estas dudas que ahora mismo se me vienen a la mente.

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